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5 libros para un fin de semana largo

Ya sea que decidas alejarte de la ciudad, refugiarte en una cabaña con vista al lago, optes por caminar por las calles de la Antigua Guatemala o te quedes en casa, estos títulos nunca estarán de más para los lectores empedernidos.


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En la otra orilla

Navego hacia tu piel como quien busca un faro a medianoche. Avanzo entre las olas para darle forma a este maremoto sincronizado.

Cuando llueve se me pierden las estrellas Intento salir a flote pero me inundo toda de ti.

Te retengo
Te tiemblo
Te temo
Te toco
Te muerdo
Te acaricio

La neblina nos envuelve y mi brújula se pierde.
El porvenir no existe para quienes aman sin futuro.

Imagen de Zandra Art: http://zandraart.tumblr.com/

Los pedacitos de Ana

Era un lunes por la mañana cuando las cosquillas se deslizaron por su oreja, para luego caminar sobre sus hombros y descender hacia la columna.

Si Ana les hubiera puesto atención, habría visto un ejército de ideas que marchaba en retirada.

Estaban listas para encontrarse con el viento.

Recorrían su piel con total seriedad, conquistando lunares y olvidando cicatrices.

Querían atrapar el grito que nace en la montaña.

Aferrarse al vuelo del zopilote.

Confundirse entre la arena y avanzar al mar.

Soñaban con explosiones nocturnas y cuerpos chocando entre las nubes. Estaban listas para sentarse entre el ruido y correr hacia nuevas pieles.

Las cosquillas siguieron el mapa. Rodaron por la cadera y luego pasaron entre las rodillas.

Un hormigueo disimulado por zancudos insistentes les permitió continuar su camino y llegar hasta los tobillos.

A continuación, desfilaron hacia el suelo y saltaron para diluirse entre las sombras.

Los pedacitos de Ana flotaban entre los gritos de la plaza.

Ella se …

Calladita te ves más bonita

“porque cualquiera sabe que es triste inmensamente existir sin amor” Mario Payeras.

Era una tarde de noviembre como cualquier otra, en la que los barriletes suelen desafiar al viento para averiguar hasta dónde pueden llegar. El juguete llamó la atención de Sara justo cuando estuvo a punto de quedar atrapado entre las ramas que se reflejaban en la ventana del carro negro.  Mientras observaba la manera en la que esa silueta bailaba con gracia y se alejaba cada vez más del lugar de donde ella estaba, Sara recordó el poema de Mario Payeras que su tío recitaba los domingos por la tarde cuando caminaban hacia la tienda del barrio. Tras recitar los versos en su mente, cayó en la cuenta que ella no había conocido a ningún amor que le dijera barrilete o que la comparara con el alma bulliciosa de los pájaros que estallan por la tarde. Lo suyo había sido una monótona colección de sinsabores que intentaba cubrir con el rubor comprado hace un par de horas en la tienda.
Cuando Sara tenía cinco año…

El día que cantó el jilguero

Tenía unos colmillos tan blancos, que su brillo era capaz de deslumbrar la vista de los presentes. Contrario a lo que pudieron haber pensado, este elefante no era la imagen viva de la pesadez y la torpeza. Sobre sus robustas y pesadas patas parecía descansar el ojo del universo. Se movía con gracia por la grama, tal y como lo hace un equilibrista cuando quiere llegar al otro lado de la carpa.
Cuatro niños, que estaban entretenidos jugando al fútbol, detuvieron su carrera al escuchar que las ramas se quebraban bajo las patas de una masa gris que poco a poco, comenzó a tomar forma frente a ellos. Avanzaba despacio. Si no se hubieran entretenido en el aleteo de las orejas y en el péndulo que dibujaba con su trompa, también habrían notado la delgada línea carmesí que fluía detrás de su oreja. No pasaron muchos minutos antes de que cambiaran la pelota por la cola del elefante, y hubieran sumado más de veintiún saltos, si su mamá no se hubiera asomado por la ventana para vigilarlos.
Supusier…

Construyendo mi habitación propia

Hoy otro contingente de hormigas intentó entrar a la cocina. Parece que se cuelan por la ventana del baño y desde ahí desfilan hasta la sala para encontrar alguna miga que puedan robar. Como no pienso darles tregua, me coloco en posición de ataque y, tal y como lo hace el papá de Mafalda en las viñetas de Quino, trato de ubicar el punto exacto al que se dirigen.
Es así como llego a la mitad de la segunda semana en mi nuevo apartamento. Vivo entre bolsas con ropa que no he colgado, un banco que sirve a veces de taburete y otras de sillón, hormigas que se cuelan por donde pueden y una soledad que empiezo a conquistar. Todavía no he traído mis libros y la mitad de mi clóset está en la casa de mis papás.
Empecé esta aventura como parte de un impulso que se gestó poco a poco desde hace un par de años, pero no fue sino hasta julio de 2015, cuando decidí agarrar aviada y buscar un lugar al que pudiera mudarme. No me he detenido a analizar todo el proceso pero estoy segura de que no tiene nada…

La muerte reflejada en el espejo de Xavier Villaurrutia

¿Cuán importante es reconocer las figuras literarias para apreciar un poema?
La muerte se perfila como una compañera que acecha desde la orilla del espejo. Al leer los poemas del mexicano Xavier Villaurrutia (1903-1850) se abre un espacio de infinitas posibilidades en el que la noche es el espacio perfecto para dar rienda suelta a las obsesiones que marcaron su obra. Villaurrutia participó en la vanguardia con su acercamiento al surrealismo y era alguien que recurría de forma constante a la muerte propia, el insomnio y la soledad.
Cuando se lee poesía puede haber dos formas de acercarse a los textos. Una de ellas es la del que avanza sin preocuparse por el rigor estilístico y el reconocimiento de las figuras retóricas, pues busca la conexión con el alma del poeta. La otra es desde la perspectiva teórica, en la que el lector se distancia y cuestiona las estructuras de lo que se impone frente a él sobre el papel. Creo que la mayoría de personas se quedan en la primera forma, sienten la c…