jueves, 24 de abril de 2014

Septimus se fue sin despedirse


"El sol, su calor. ¿Acaso eres humano?" -- Esto es lo que piensa Septimus antes de lanzarse al vacío, en la novela Señora Dalloway de Virginia Woolf. Todavía sigo pensando en la carrera de su esposa Rezia para detenerlo, todo pasó tan rápido y cuando reaccioné, ya era muy tarde. No pude hacer nada más que bajar el libro y observar a los carros que pasaban por la avenida. Quizá si alejaba el libro por un momento, podría retrasar lo inevitable. El viento soplaba suavemente a la hora de almuerzo.
Todos en la cafetería conversaban sin mostrar mayor preocupación en sus rostros. Así son las tragedias, nadie más que los implicados son quienes las lloran. Me costó reponerme y regresar a la oficina. Por la tarde, el sol se escondió como siempre, le tomé la foto y maneje el carro pensando en Rezia y Septimus. Los minutos previos parecían tan perfectos. Ella cosía un sombrero para vendérselo a una señora y él hacía bromas al respecto. De esas bromas tan íntimas que solo los esposos pueden comprender. Ella fue feliz de nuevo pero todo cambió de forma drástica en pocos segundos.(Colección de soledades)

Pd. No he terminado la lectura, por favor no me la cuenten.

lunes, 14 de abril de 2014

Observar y absorber el fin del mundo


"El porvenir se nutre de fuegos temerarios"
Isabel de los Ángeles Ruano


Quizá el mundo podría acabarse en la arena naranja. 
Pasa a mi lado una bolsa plástica blanca y a lo lejos observo una envoltura de tortrix. 
Flotamos junto a la basura. 
Esta playa está sucia, sucia de nosotros en esta arena negra que se impregna en mis dedos.
Un niño se enreda entre mis piernas. 
El fuego recorre la espuma. 
Esta es una pequeña soledad. 
El mar se quiebra en destellos fugaces. 
Solo quedan cenizas volcánicas. 
Aterrizan los cometas. 
Las olas son cada vez más violentas. 
Golpean mi espalda, me empujan de regreso hacia la orilla. 
Los reflejos se los lleva el mar. 
Rueda una pelota que baila traviesa entre las olas. 
Me rindo ante el cielo partido. 
Tanta inmensidad no cabe en mi cabeza. 
El sol se quiebra en la arena. 
Astillas doradas dispersas en la espuma de fuego.

Foto: Andrés Asturias, de la serie Arena Negra.

lunes, 14 de octubre de 2013

El futuro se nos atrasó






El futuro se nos atrasó


La mañana queda perdida en la carretera

Las nubes se escurren entre los dedos.

Cortan el volcán a su antojo impulsadas por el viento de septiembre.

Foto: Ilustración en Pinterest

jueves, 26 de septiembre de 2013

Para los días cuando el mundo se cae (Entrevista a Javier Payeras)



Un verdadero artista responde cada noche a su vocación cuando durante el día se ve obligado a trabajar para sobrevivir. Lo demás son pretextos. Eso aprendí durante la entrevista/conversación con Javier Payeras.  Una de esas charlas que te alimentan e inspiran. El artículo y las fotos fueron publicadas en la revista Avant, en febrero de 2013. Se las comparto a continuación.

"Hay días en los que el mundo se viene encima y las tragedias se cuentan por decenas. Los periódicos son el registro del desencanto. Las ganas de salir corriendo aumentan mientras que la confianza se agota. Justo cuando todo parece irse a pique, hay quienes escogen por apostarle a un estilo de vida menos derrotista. Ese es el caso de Javier Payeras, quien ha optado por pelear contra el desaliento. El campo de batalla se libra desde la literatura y la gestión cultural. Quizá para la mayoría de personas, esa lucha parezca ser una causa inútil. 
Pero también se vale creer que la esperanza es lo último que se pierde. Durante una entrevista en un café ubicado a las inmediaciones del Centro Histórico, Payeras prefiere aferrarse a la posibilidad de ser un tragaluz en esta cotidianidad capitalina al citar a Woody Allen y creer que no todo el mundo se corrompe, pues hay que tenerle fe a la humanidad".






viernes, 13 de septiembre de 2013

Reflexiones desde la ventana



Son las nueve de la mañana y voy camino al trabajo. Pasé por algunas cuadras en las que las bandas escolares desfilaban muy emocionadas al ritmo marcado por las batonistas y sus dirigentes. Luego avancé hacia el Obelisco y por aquí he estado desde hace algunos minutos. La cola no se mueve y del otro lado del bulevar pasan varios jóvenes corriendo detrás de antorchas que llevan el fuego patrio. Reconozco que me dan ganas de llorar al verlos correr con tanto entusiasmo. Ahí van con el amor patrio quemándose en segundos. Pasan como pequeñas estelas de ilusión con destino a cualquier pueblo de Guatemala.

La cola continúa avanzando y detecto a algunos adultos que también van corriendo con su antorcha. Posibles oficinistas que tuvieron un día sin rutina al apuntarse en la caravana de la antorcha. Los gorgoritos se multiplican y se diluyen entre las bocinas de los conductores que vamos tarde a la oficina.

Mi pensamiento regresa a los jóvenes que van corriendo por las carreteras del país. Probablemente no tengan mayor espíritu cívico y en algunos años deberán toparse con la realidad laboral de Guatemala. Comprenderán por qué es que el dinero no alcanza en casa y de seguro evitarán involucrarse en proyectos cívicos democráticos. Cada cuatro años votarán por los mismos políticos de siempre; los más populistas o los que mejor propaganda realicen en la cuadra. Muchos de ellos serán de esos que se rigen por la cultura del "vivo" y no respetan a los demás al doblar las leyes a su antojo. Quizá compren cosas robadas porque les sale más barato. No estarán acostumbrados a leer y muy pocos ganarán el examen de admisión en la universidad. 

La sombra de la realidad me conmovió aun más. Demasiada ternura junta en un puñado de muchachos que van corriendo detrás de una antorcha bajo la lluvia. Sí, ya empezó a llover y la cola no se mueve. Demasiado querer soñar con que todavía es posible hacer algo y que los extremos fatalistas no nos llevan a ningún lado. ¿Y qué pasa con los adultos que ahora van con su respectivo fuego patrio? Será que ellos sí son ciudadanos Clase A y no se dejan llevar por las excusas de la "hora chapina", evitan colarse en el tránsito sin pedir vía y no piensan en saltarse alguna que otra ley para obtener un beneficio.

Trato de no enojarme mientras estoy estancada. Al fin y al cabo, vivo en un país con este tipo de tradiciones y yo escojo cómo quiero pasar mi día. Contengo las lágrimas y trato de soñar con que estos muchachos son la esperanza. Que la educación que están recibiendo va a ser la adecuada. Que los guatemaltecos podemos involucrarnos y hacer bien nuestro trabajo. Que el amor a nuestro país no solo se traduce en correr con la antorcha o memorizar el himno nacional. Que la hora chapina será solo un mito. Que ningún conductor se las llevará de listo y se colará más adelante, ocasionando más congestionamiento por su abusivez. Que podré llegar al semáforo sin miedo a los motoristas, a ser asaltada o a no regresar a casa. Que las cifras de violencia disminuirán y los diputados trabajarán. 

Regreso a mi realidad. Lo que sí puedo hacer es llegar a tiempo a mi trabajo y mandar los documentos que debo concluir hoy para que se impriman las revistas. Cumplir con mi trabajo e incidir en el metro cuadrado. Me alejo del Obelisco y llego al parqueo. Los gorgoritos son un murmullo y las bocinas se escuchan a lo lejos. Ahora me esconderé en un cubículo y esperaré que por la tarde el regreso a casa no sea tan pesado.


Foto: Siglo 21


miércoles, 11 de septiembre de 2013

Extraños en la exposición (Stranger 13/100)

Stranger 13/100

Una inauguración de una exposición es un universo de personalidades que contrastan entre sí y que, de alguna manera, cumplen con ciertos patrones comunes en cada evento. Llegué a Del Arte al Niño para ver las obras que se expusieron y también para darle cobertura al evento junto a Jorge, el fotógrafo de la revista. Íbamos caminando para el elevador y nos topamos con un grupo de jóvenes que, a juzgar por su apariencia, podrían ser estudiantes de arte o cualquier otra carrera humanística. Entre ellos iba nuestra Extraña 13 quien llamaría mi atención más adelante.

Desde hace unas semanas alguien me preguntó por el proyecto de los 100 extraños y eso me hizo reflexionar en las razones por las que no seguí tomando los retratos. No tengo excusas y eso era lo que le estaba comentando a Jorge después de haber terminado nuestra cobertura. Debido a que había dejado mi cámara en el carro, él me prestó la suya para no quedarme con las ganas de tomar una foto. Vi alrededor y justo enfrente estaba ella platicando con sus amigos.

Me acerqué y les expliqué sobre el proyecto y otras cosas que no vienen al caso. Este es el resultado de la mini sesión que improvisamos en el lobby de Zona Pradera. Lamentablemente olvidé escribir su nombre pero quizás eso le da más misticismo al retrato. Me llamó la atención por su actitud y su look. Es una chica muy dulce y espontánea que salió corriendo minutos después para ir a un after de la expo junto a su grupo de amigos.

Esta foto forma parte del proyecto 100 Strangers: www.flickr.com/groups/100strangers/

Galería en Flickr: http://www.flickr.com/photos/66820999@N08/sets/72157629238432909/

Otros extraños: http://lucialeongt.blogspot.com/2012/11/extrana-02-olga-la-lectora-triste-en-la.html
http://lucialeongt.blogspot.com/2012/12/extrano-05-emanuel-el-vendedor.html
http://lucialeongt.blogspot.com/2013/01/cata-la-chica-que-queria-cruzar-la.html

jueves, 20 de junio de 2013

Un grito desde lo alto


¿Quién dijo miedo? Este pasatiempo no es apto para cardíacos ni para los temerosos de las alturas. Desplazarse a través de cables de acero es algo que se dice fácil, pero que requiere valor para dar el paso y avanzar hacia el vacío. Bastan  unos segundos para respirar profundo, colocarse en la posición adecuada e impulsar el cuerpo para llegar al otro extremo del tiro. Trata de no cerrar los ojos para no perderte ni un detalle del paseo, pues la emoción solo dura unos segundos. Si pestañeas en el camino, perdiste.

Hace algunas semanas tuve la oportunidad de practicar este deporte extremo y no me arrepiento. Debo confesar que sentí un poco de miedo porque recordaba mi anterior experiencia en Puenting y no fue muy agradable. Pero ambos deportes son diametralmente distintos entre sí.

Un tour de canopy es un paseo extremo por los árboles de un bosque o selva, mediante puentes colgantes, tirolesas, escalerillas y numerosas instalaciones que hacen de estos paseos una forma divertida, emocionante y segura de convivir con la naturaleza. También se le conoce como Tirolesa y está compuesta por una cuerda o cable de tensión en el que las personas se desplazan por medio de una polea. Los usuarios están sujetos a un arnés de cintura. 

El puenting, en cambio, es un salto al vacío que ahora lo comparo con un suicidio o estar cerca a esos instantes. No me malentiendan, si hay algún lector que ame el puenting, está bien. Pero para mi, los segundos posteriores al salto y en los que la cuerda no te jala fueron eternos. Mi mente me engañó. Parecía que me acababa de tirar a la nada y ya no había vuelta atrás, ni nadie que me detuviera. 

Justo cuando estaba arrepentidisima por haberme tirado, la cuerda dijo presente y ahora solo quedaba columpiarme de forma parabólica sobre la copa de los árboles que están en el barranco bajo el puente La Asunción, zona 5. Así fue en mi caso. Esta última parte fue la única que gocé pero llegué a la conclusión de que no vale la pena cuando el instinto de supervivencia ni te permite tirarte. A mi me debieron empujar. Me engañaron porque no me dejaron llegar al 3, sino que me aventaron cuando apenas iban por el 2. El aire se me atragantó en la garganta y no podía gritar ni nada. Más adelante, meditando sobre la experiencia, pedí perdón por haberme puesto en una situación como esa.

Pero regresando al Canopy, quiero añadir en este breve post que recomiendo la experiencia cuando se realiza en lugares con una infraestructura segura. La vida es un don tan chilero que no vale la pena andarla arriesgando solo porque sí. Los vídeos son del canopy que recién inauguraron en las instalaciones de Santo Domingo del Cerro. En Circo del aire hay dos circuitos. El corto se conforma por ocho tiros y el largo consta de 12 lanzamientos. Al final del viaje me entregaron un arbolito para que sembrarlo en casa o donarlo a Hotel Casa Santo Domingo para reforestar áreas verdes. Yo me lo llevé a casa.

Los horarios son de martes a domingo, de 9 a 16 horas. Por si se lo preguntan, las tarifas van desde US$25 en el recorrido corto y U$S35 por el de 12 tiros. Ahora bien, si son demasiado quisquillosos, pueden preguntarle a los dueños si su establecimiento sigue la normativa técnica (188-002). De acuerdo con la Asociación de Canopy de Guatemala, esta norma es importante para regular su funcionamiento, mantenimiento y operatividad. 

En nuestro país hay varias opciones para practicarlo. Si no quieres irte muy lejos, puedes probar en Cayalá, zona 16, o en Xpark, zona 13. En Antigua Guatemala puedes encontrar la adrenalina en Finca Filadelfia. El Parque Nacional Calderas, a pocos minutos de las faldas del volcán Pacaya, también es una buena opción para hacer un poco de turismo interno.


Recuerda vestir ropa cómoda con un pantalón corto o largo, una camiseta, zapatos deportivos. Evita los tacones y el calzado que pueda salir volando por los aires. En época de lluvias utiliza una capa impermeable. Porta contigo una bolsa para la cámara, una mochila pequeña o una bolsa canguro para que puedas usar tus manos en todo momento. Lleva el pelo recogido para que no se enrede cuando estés practicando el Canopy.

El primer vídeo del post fue grabado por Nelo (¡Gracias!) y este otro lo tomé yo con una aplicación del celular.