La hoja blanca

Duermes sobre la mesa con un grano mostaza que cayó sobre tí.

Sueñas y esperas a que llegue tu début. Por ahora, descansas horizontalmente en la esquina de un escritorio que es blanco también.

Tu piel es delgada y casi frágil.

Te desperezas bajo la luz de un foco amarillo que  atraviesa tus poros.

Llevas unas horas fuera de tu casa y ya estás un poco arrugada. Mírate, tienes arqueada la esquina inferior derecha.

Las líneas de la vida comienzan a formarse en tus pliegues. Cayeron migas de pan sobre ti
Ya no eres la misma de hace unos días. Las horas han pasado y dejaron su huella.

La hoja arrugada I


Estás hecha un ovillo. Ocupas apenas una mínima porción del escritorio. Ahora tus relieves se vuelven más interesantes.

Tu sombra se quiebra y toma diferentes tonos de gris; algunos más opacos que otros. El fragmento de sombra más oscuro parece un cartucho de lirio que, con los bordes finamente delineados, guarda dentro de sí un tesoro. A tu alrededor resplandece el resto de tu sombra, que se quiebra más allá de tus dominios.

Mientras estás enrollada, pareces un capullo. Tus pétalos no se han desprendido y te abrazan. Guardan pequeñas cavernas y pasillos.

Vistas desde otro ángulo, también podrías ser un risco y tus pliegues, las orillas de la montaña por donde pasan las hormigas.

Una rosa sin su tallo, huérfana de todo lo demás.
Tienes un lado más oscuro que otro
La luz delinea tus contornos con especial atención

¿Qué pasará cuando te estires?

La hoja arrugada II


Ahora eres un cisne. Tienes tu cuello erguido y plumas blancas por doquier. El lago es la mesa blanca que te sostiene. Te abrazas a ti misma

La hoja estirada (la extensión)


Parece que te hiciste más pequeña de lo que en realidad eras. Los nuevos pliegues sobre tu piel marcan un camino sinuoso de subidas y bajadas. 

Te habitan los triángulos y las líneas imperfectas. Tienes pellisquitititos.

La esquina inferior derecha se ha roto. En qué momento se puede llegar a sufrir tanto. Hace unos minutos eras una hoja lisa y, ahora, tienes el cinturón de volcanes atravesándote. 

Las sombras son irregulares en tu valle.

Una mosca aterriza en tus montañas y pasea en búsqueda de alguna miga perdida. Camina con calma entre tus relieves. Ha llegado la primera exploradora a tu territorio.

La hoja en llamas


Avanza voraz la danza
que en arrebato (te) muerde

te abraza

te envuelve

Arde
todo
arde


Deja una marca en tu orilla con su lengua naranjazul
Te encoges
Te arremolinas

Atrás quedan tus bordes rectos
Solo queda un racimo de cenizas

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